miércoles, 27 de junio de 2007

Un Vacío en el Pentathlón, por Fernando F. Cancela


El destino se define como la sucesión inevitable de acontecimientos provocados e incognoscibles que ocurren en diferente lugar y tiempo pero que una vez unidos forman una sola consecuencia en un futuro no muy lejano a cuando ocurrieron los otros. Sin embargo, desde el punto de vista religioso, es un plan creado por Dios, que no puede ser modificado de ninguna manera.

Me dispuse a investigar sobre la definición de este concepto que es muy socorrido en los momentos que no se da crédito sobre la muerte de un ser querido, y es que hace apenas tres meses un Sargento del Pentathlón Deportivo Militarizado Universitario, buscó su destino en la ciudad de México; esa era su aspiración, trabajar en la ciudad más grande del mundo, lo es en habitantes y extensión territorial, pero también lo es en peligros. En la capital para poder sobrevivir, se tiene que ser algo así como una especie de Rambo cruzado con exterminador.

Jacinto Martín Cabañas Mendoza, llegó al Penta hace algunos años, su hermano el Sub-Oficial Miguel Cabañas, lo entregó en manos de nuestro Comandante Estatal, quien se convirtió en su padre; si tomamos en cuenta que es más padre el cría que el que engendra, Roberto Salas León, eso era, un padre enérgico cuando se debía, pero amoroso y responsable fuera de las filas.

Cabañas era un joven como hay muchos, descarrilado, sin control y sin valores, su atuendo era a la moda del joven actual, usaba el pelo largo y una identidad respaldada en una arracada y perforado de los labios, cejas y lengua, que combinaba con la grosería y el albur.

Poco le duró el gusto, pues si bien es cierto cuando alguien llega por primera vez a esa noble institución conocida como Pentathlón Militarizado no se les exige cambiar ningún atuendo, sí se les va inculcando y sugiriendo un cambio. Martín lo hizo y no tan solo eso, escaló tan rápido como pudo, hasta convertirse en el más brillante de nuestros elementos, de mediana estatura pero delgado y correoso, estuvo en sus últimos días considerado como uno de los elementos más destacados del Penta en el Estado y no tan solo eso, también en el País.

El Sargento Martín Cabañas se convirtió en alguien ejemplar para la sociedad, así se lo propuso, ser el mejor; reinició sus estudios de secundaría pero los suspendió en el 2° semestre de la preparatoria, porque quiso ganar y ahorrar dinero para futuros proyectos. Empero en este proceso desobedeció a su padre, quien no estaba de acuerdo con su proceder, no era para menos su inteligencia daba para más, al convertir sus materias en nueves y dieses.

El destino es así, cuándo más aferrado y seguro se siente uno, la vida puede dar grandes sorpresas, Martín dio una; desde México llamó y escribió a su padre con el afán del perdón, que se le otorgó, pues no era un hijo pródigo, solo diferente a los demás, pero nunca sabemos lo que nos depara el día de mañana, no importa que seamos los mejores o los peores, ricos o pobres tarde que temprano a todos nos tocará el desenlace final.

Nuestro Sargento era un joven de lo más alegre y trataba de trasmitir su alegría en todo momento, hasta en el instante de mandar o recibir una orden aplicaba su gran humorismo, ya no supo más, pues un criminal en sentido contrario en una importante artería de la ciudad de México lo atropelló y lo arrastró varios metros en su motocicleta; su fortaleza física lo llevó a la agonía por varios días, pues no se decidía a perder ni contra la propia muerte.

Estos últimos años de su vida los vivió como todo un campeón y así se despidió, como todos los pentatletas quisiéramos irnos. Hacía apenas unos días que el Secretario de Gobierno, Reynaldo Escobar, había donado costosos uniformes de “Gran Gala” para el Penta, él estrenó uno en su despedida, sin embargo ya no lo disfrutó. Espero que por lo menos desde donde esté, haya escuchado los vitores y las porras de despedida en su funeral. Si no, de todas maneras desde donde se encuentre escucharemos su orden: Atenciooón… Reunirseee…Yaaa.

drcancela_@­gmail.com