EL AMOR EN TIEMPOS DE INFLUENZA
FERNANDO F. CANCELA
Ahí estaba, radiante y distinguida; su pelo largo y ondulado era negro y brillante, sus bellos ojos color café despedían luz propia y sus labios rojos como una manzana destacaban en su tersa piel blanca. Tenía diecisiete años de edad cuándo la conocí, sin embargo, su inteligencia y simpatía eran capaces de cautivar al más eminente conocedor. De pie en la fiesta de cumpleaños de Hilda González, charlaba amenamente con Adriana Saenz su compañera de preparatoria; en ese momento se presentó algo determinante en nuestras vidas; entre sonrisas, nuestras miradas se cruzaron por primera vez; su nombre: Iris Fontecilla.
Era noviembre de 1985. Ese día de otoño, me encontraba con mi primo hermano Luis Guillermo Cancela en casa de nuestro amigo, Henry Elias Guitart. ¡Vamos a la fiesta de Hilda!, sugirió Memo, quien era su compañero en el CBTIS 13; y a su vez, Hilda había sido compañera de primaria de Adriana e Iris en la “Josefa Ortíz de Domínguez”.
Henry y yo dieciochoañeros estabamos de aguafiestas, pues no conocíamos a nadie y nos negamos rotundamente a la invitación de Memo; sin embargo mi destino estaba marcado; no cabe duda que Dios tiene un plan para cada uno y una misión que cumplir. Memo se fue a su fiesta y me quedé reflexionando seriamente en que debíamos acompañarlo. Estabamos en la Avenida Américas y teníamos que llegar a un conocido callejón del centro de Xalapa; traté de convencer a Henry de asistir, pero todo fue en vano, así que corrí hasta la calle de Pípila para alcanzar a Memo, a quién le dio gusto mi firme decisión, y más, porque no estaría solo en la fiesta.
¿Cómo ves a la chica de allá?, le comenté a Memo, quien contestó muy seguro. Ni lo sueñes, no bailará, se ve fresa. No hice caso a sus palabras y me dirigí hacía ella para invitarla a bailar. Los tiempos todavía eran románticos. En fin, ella accedió y después de bailar y charlar por un buen tiempo, llegó la despedida. Esperaba que ese momento nunca llegara, pues el amor se presentó como solemos decir, a primera vista. La deje de ver como un mes aproximadamente e incluso llegué a pensar que nunca más la vería; sin embargo una fría noche de invierno, nos encontramos nuevamente en un ensayo del grupo musical juvenil “Argos”, quienes imitaban a “Menudo”. Mire si nuestra ciudad es chica y Dios es grande, Henry había sido invitado a participar en el grupo y me invitó a su presentación, en el grupo también participaban, Gustavo Filobello, Beto Silva, Sealtiel Armenta y Germán Soto.
Ahí nos reencontramos, fue una grata experiencia. Entre las melodías de “Claridad” y “Súbete a mi moto”, charlamos de la escuela, de nuestros coincidentes gustos, del Pentathlón y más; hasta concretar nuestra primera cita. Se me hizo eterno. Tuvo que pasar la Navidad y año nuevo del 85; el día de reyes, y así, en febrero de 1986 el amor tocó a nuestras puertas.
Estaba de moda la película “Castillos de Hielo”, que ayudó con su mensaje y su tema musical, a reafirmar nuestros sentimientos. Salimos del cine y saboreamos un café y un rico pastel en el “Ágora de la Ciudad”, hasta que por fin, me decidí a declararle mi amor. El sí, fue lo mejor que me había pasado en mucho tiempo.
Fuimos novios, nueve años, en los que compartimos estudios, congresos, fiestas, noches de discoteca, lágrimas, risas, pleitos y hasta un adiós, sin embargo, el amor es más fuerte y el 23 de abril de 1994, decidimos que nuestras almas se unieran; fue un día con mucha intensidad; y así, en esa noche clásica xalapeña, en la Iglesia de “Fátima” y en un conocido salón de fiestas, los ministros de Dios y del Registro Civil, marcaron con sus palabras nuestra unión matrimonial.
Como todo en la vida, hemos tenido algunos contratiempos y problemillas familiares de fácil solución, que nos han enseñado a madurar y a comprender que el matrimonio es un paso muy fácil, pero seguirlo a través de los años, no lo es tanto; que cuándo hay amor todo se puede, pero cuándo se carece de él, ya nada es igual; que los hijos son una bendición y que hay que luchar por ellos a como de lugar.
Por eso reconozco y doy gracias a Dios por tener una esposa como lo es Iris, a quién de cariño decimos Bibis. Ella ha sido fiel, valiente, trabajadora, fue buena novia, es buena esposa y buena madre, ya que me dio dos hijos fruto del gran amor que nos tenemos. Feliz 15 aniversario.
drcancela_@hotmail.com
domingo, 24 de mayo de 2009
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