sábado, 20 de marzo de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA COMUNICACIÓN
EN LA MEDICINA
FERNANDO F. CANCELA

Mi maestro, el doctor Pedro Carreto, quien me impartió las materias de “Anatomía Humana I y II” y “Propedéutica Médica” (teoría) en el facultad de medicina, en alguna de sus clases nos aconsejó que para llegar a un diagnóstico en la relación médico-paciente, se debe dar en parte a la observación; que cuando llegase al consultorio un paciente, podríamos reconocer parte de su padecer con tan solo observarlo. Que razón tenía el doctor Carreto; sin embargo, que importante es la comunicación para determinar un diagnóstico aunque los signos se encuentren a la vista.

Le comento esto porque el pasado martes 16, mi esposa y quien esto escribe llevamos a mi hijo René, al Centro de Especialidades Médicas “Dr. Rafael Lucio”; él es autista y a pesar de que se encuentra en el CAM 16, en donde aprende muchas cosas; todavía no podemos entablar comunicación con él; la socialización es algo que a los autistas se les da poco, sin embargo con él no tenemos ese problema tan marcado; es inteligente y lo entiende casi todo.

He de reconocer sinceramente que el diagnóstico que previamente formulé a mi hijo antes de llevarlo al médico no fue el acertado, sospeche conjuntivitis y no lo era. Estuvo jugando sin ser visto con un vidrio de un vaso que se rompió y no descartamos que lo hubiese introducido en su ojo.

Esto se lo comentamos en la historia clínica a la doctora Karina Reyes González quien con mucha ética y profesionalismo lo atendió en primera instancia; por fortuna el CEM es considerado uno de los mejores hospitales a nivel Latinoamérica; y desde la persona que gobierna el hospital mi colega y tocayo Fernando Benítez Obeso, pasando por el Internista, Armín Arronte Gómez y hasta el más fiel servidor público, saben lo que es la empatía y la practican a sabiendas de que es lo más importante hoy en día.

Siento que mi hijo no haya cooperado como cualquier niño de su edad; lo más seguro es que no quiere hablar, ya que a veces nos sorprende diciendo frases completas, pero más sentiría que accidentalmente pudiese perder un ojo o algo peor; afortunadamente no fue así; no presentó ningún cuerpo extraño, ni lesiones o laceraciones, solo una inflamación conjuntival aparatosa en el cuadrante externo de su ojo; aún así, la Doctora Reyes muy atenta, nos canalizó con la cirujana y especialista en oftalmología, Yolanda Casillas Navarro.

Vaya lío para acomodarlo en esos aparatos que los oftalmólogos ocupan para la observación microscópica, y es que al no poder leer las letras en el examen, tuvo que ser en el microscopio donde se coloca la barba y con un lente de luz se determina si existe algún desgarre o cuerpo extraño; nada de eso; salimos del problema con dos gotitas de Obrydex, que le mandó su doctora y que le estamos aplicando cada 4 horas. Mis respetos para la atención en el CEM, es de primera calidad.

Anteriormente en la sala de espera, no perdí la oportunidad de reconocer el caso del señor Faustino Hernández Reyes, de San Isidro La Peña, municipio de Alto Lucero. Dialogando con su hijo Uri Magdiel Hernández Barrera, me comentó que son de un pequeño poblado enclavado en uno de los caminos que conducen a Plan de Las Hayas; viven en la calle principal que por ser un asentamiento de dimensiones pequeñas no tiene nombre, ni número.

Don Faustino por una meningitis que padeció hace diecinueve años por un accidente que sufrió, perdió todo movimiento en sus extremidades; su vida y la de su familia se ha convertido en un verdadero calvario; actualmente tiene 40 años de edad y entiende todo perfectamente; como es de imaginarse, su estado anímico es muy bajo y para colmo de sus males, lo sacaron del programa federal, “Oportunidades”.

No dudo que conociendo la calidad humana de quien lleva las riendas de la Secretaría de Salud, mi otro tocayo doctor Fernando Antiga Tinoco, se pueda investigar su caso y buscarle una solución y los apoyos que requiere esta familia, tal y como lo ha instruido el Primer Mandatario del Estado, Fidel Herrera Beltrán y la Señora Rosa Borunda de Herrera, presidenta del DIF Estatal, de que todas las personas de escasos recursos en situación vulnerable deben estar bien atendidos; con el objetivo de que todo veracruzano goce de algo tan elemental como es la salud. El número telefónico de la familia es: 044 22 81 83 11 85. Gracias y que Dios los bendiga a todos.

drcancela_@hotmail.com, drcancela@gmail.com

miércoles, 3 de marzo de 2010

¡CUANDO UN AMIGO SE VA!
FERNANDO F. CANCELA

A Víctor, Paty, Oscar, Carlos,
Sergio y Karina Jiménez Mejía


Talvéz había perdido su vista un cincuenta por ciento de lo normal, sin embargo, el esfuerzo que hizo para verme a través de sus lentes bifocales fue superior cuando escuchó mi voz. Esa fue la última vez que lo vi y salude en el 2009, fue frente a la Arena Xalapa de la calle Clavijero, llegaba a su querido hogar después de un chequeo médico de rutina. No fue difícil darme cuenta del gusto y la impresión que le causó nuestro encuentro, y lo disfrutamos al máximo cuando en el interior de su vivienda, recordamos viejos tiempos que incluyeron a los amigos que teníamos en común.

Le ayudé a bajar del taxi del que descendió con su inseparable esposa Yolanda. -Pasa Cancela-, me dijo, tomándome del brazo al que se enganchó con gusto. La persona de quien le hablo era mi amigo, Roberto Jiménez Hernández, a quien de cariño le decíamos “Becerro”, quién partió de esta vida terrenal para encontrarse con Dios el pasado lunes 22 de febrero del presente año.

Físicamente Roberto Jiménez era un hombre alto y delgado, con una fuerza que a mi parecer, le ayudó contra la interminable lucha que sostuvo contra la Diabetes Mellitus. Solo los que lo conocimos sabemos de ese excelente potencial físico que siempre lo caracterizo y que hace suponer que él no fue vencido por la enfermedad, pues siempre su estado de ánimo fue superior al mal que padeció hasta el último de sus días.

Roberto murió como los valientes. Con mucha dignidad se aferró a la vida enfrentándose a una serie de complicaciones clásicas del “azúcar” que lo intentaron disminuir y dejar en la banca, pero que él, nunca lo permitió. A pesar de que fue dializado durante más de seis años, demostró en vida que no era fácil de vencer y solamente las complicaciones que dejó una cirugía en su intestino, fueron capaces de doblegar su fuerza de voluntad.

Solo por esa razón fue que regresó al Seguro Social, institución que demostró a propios y extraños lo que un ser humano como él puede ser capaz. Tal vez, más de una docena de médicos generales y especialistas, supieron de su historia clínica y fueron testigos de como un buen estado de ánimo y fuerza de voluntad pueden superar a la misma ciencia médica. No decía mal ese famoso galeno vienes, Segismundo Freud cuando reflexionaba, “no hay enfermedades, sino enfermos”.

Y esto no es hablar por hablar, pues sabemos de cómo él se cuidó y llevó los tratamientos médicos al pie de la letra. Sus terapias, su dieta y los excesivos cuidados de limpieza que Paty practicaba durante la diálisis, fueron un claro ejemplo del amor, de paciencia y de gratitud que se convirtieron en el pan de cada día; aún así Robert nunca se rindió, a pesar de sus 63 años que cumplió y se llevó a la tumba.

Incontables fueron las veces que compartimos las buenas y sanas comidas que a él le gustaban y que fueron algo especial, siendo la principal los mariscos recién sacados del agua; el caldo de robalo que preparaba muy a su estilo y que disfrutamos una y otra vez, lo mismo en Xalapa que en su casa de Actopan o abajo de un mangal, donde una parte del menú, era la música folclórica del grupo Tlen-Huicani que tanto le gustaba.

Robert fue un buen hombre; amoroso como hijo, como padre y como esposo, así como excelente amigo; las ordeñas en el rancho de Rafael Ramírez, en Las Vigas, junto a Héctor Ulloa, Paty Romero, el extinto Fernando Ramírez y sus queridos hijos fueron algo especial. Y cómo no recordar cuando al calor de las copas, degustamos algún corte asado o disfrutamos de las ricas carnitas de cerdo, haciendo de nuestra amistad un viaje interminable.

Es por eso que al enterarme de su muerte, sé lo que siente el corazón de alguien que pierde un amigo. Alberto Cortés lo canta en esa canción que dice, “cuando un amigo se va/ queda un espacio vacío/ que no lo puede llenar/ la llegada de otro amigo”. Descansa en Paz, respetado y querido amigo.

drcancela_@hotmail.com, drcancela@gmail.com