RECORDANDO A MI
ABUELO LORENZO
FERNANDO F. CANCELA
Meditando acerca de la defunción de mi abuelo Lorenzo Fontecilla Núñez (1908-2001), recuerdo que la última vez que lo vi supe que tal vez sería la última, y solo quedó gravado en mi memoria el triste recuerdo de aquel mensaje que nos transmitiera a todos los que le rodeábamos en el comedor de su casa. Mensaje que todavía muy claro se encuentra en mi memoria y más, por la clásica expresión del noble anciano en la que se notaba la satisfacción de sus buenas obras.
Él era una persona que usted lo miraba y no perdía mucho tiempo en averiguar que fue un político dentro del gremio de los maestros que conoció la lucha por el bienestar de sus seguidores, en general, y sus hermanos del gremio, en particular.
Ese día que lo vi, a sabiendas de que tal vez sería la última entrevista, quise sellar nuestra amistad con una carta que escribí en Phoenix, Arizona, y que amablemente me publicaron en la sección Cartas a la Dirección de “Diario de Xalapa”, el 15 de mayo del 2001. En ella, pedía al ex Secretario de Educación y Cultura, Juan Maldonado Pereda y a los profesores Tomás Vázquez Vigil y Natalio Arrieta Castillo, lideres nacional y estatal de la Sección 56 del SENTE (misma que Fontecilla dirigió en el Estado en 1938), que se tomara en cuenta su nombre para el “Salón de Eventos Sociales” de esa sección magisterial, localizado en la esquina que forman las calles de Primavera y Emparan, a sabiendas de que fue él, quien donó el terreno.
De dicha carta, nunca obtuve respuesta, sin embargo, ahora comprendo que no perdí el tiempo, y que además me quedé corto en mi petición, porque Fontecilla, fue un luchador social incansable, que bien se merece un homenaje posmorten, o se le dé su nombre a una calle o una escuela.
La última vez que tuve una conversación con él, fue con todo el afán de enterarme una vez más de sus cualidades como miembro de tan importante sección gremial, y quien protegió los intereses y seguridad social de los maestros pensionados, a través del Instituto de Pensiones del Estado, que a petición suya, comenzó a funcionar siendo Gobernador del Estado, Marco Antonio Muñoz Thurbul.
Usted miraba a mi abuelo Lorenzo y observaba que a pesar de sus casi cien años de edad, narraba con brillantez los hechos ocurridos durante su lucha sindical, como si hubiera sido ayer; igualmente, cuando tomaba parte de su biografía al azar; cuando la persecución cristera y de los logros para un mejor porvenir de su gremio, que rebasó las fronteras del Estado y no le importó la persecución y amenazas de los gobernadores y altos funcionarios de esos tiempos.
Sin ninguna característica de político clásico, para poder describirlo adecuadamente, basta con mencionar que era una persona nacida en Papantla, alguien con una gran experiencia en materia de educación, de otra forma, sería imposible captar la esencia de su estilo y su particularidad.
Mil veces me pregunté. -¿Qué haces viviendo aquí, si mereces vivir con todas las comodidades? Pero debido a su sencillez, con esa marcada tendencia liberal, y su honradez de ser humano tradicional le hicieron preferir la humildad de su hogar. Él, aunque nació y creció en Papantla, debido a su lucha tuvo que radicar en diferentes partes de Veracruz, siendo Xalapa el final de su morada. Sin embargo, su postura, su mirada, su actitud, sonrisa, sangre y acento lingüístico fueron originales de Papantla, lugar donde nacieron sus padres.
Solamente los que le conocimos supimos lo que es la buena hechura de ser humano. Un grupo de amigos periodistas, cuando les hablé del líder, quedaron impactados y quisieron entrevistarlo. No hubo tiempo. No me vaya a malentender, él nunca vivió de cuentos. Siempre fue un hombre realista y con pies de plomo a pesar de su baja estatura; sin esa picardía y desconfianza tan común de un residente clásico de algún arrabal, donde existen personas que se acostumbran a sobrevivir con maniobras no permisibles en los ambientes sociopolíticos normales.
Mi abuelo, desde muy joven se aseguró de obtener una buena preparación académica, convirtiéndose en profesional por medio de estudios en escuelas públicas. Hablar con él era una delicia. Su profundo acento gutural y su extenso vocabulario, eran una combinación estupenda de su personalidad que impresionaba al más crítico y conocedor.
Una jalapeña tradicional y excepcional, Lilia Aguilar, mi extinta abuela, le obsequio cuatro hijos brillantes: Lorenzo, Lilia, Olga y René. Los tres primeros siguieron el camino de mi abuelo en el magisterio. El menor, se graduó en una de las bellas artes, la arquitectura. Todos ellos, como su padre, fueron estudiantes del sistema escolar público de Xalapa.
Fontecilla Núñez, no fue un accidente en la política magisterial, todo se lo ganó a pulso, de ahí que haya sido invitado a formar parte de la estructura nacional del SENTE como Secretario de Conflictos y Trabajo, amén de que recibió diferentes ofertas a puestos de elección popular que con su don y carisma pudo haber obtenido. Sin embargo, él dedicó su vida al magisterio.
El maestro, no fue un ángel del cielo para socorrer a los demás, pero desde muy joven tuvo el sentido de compasión envidiable que nunca escondió, y siempre estuvo dispuesto a ayudar a su prójimo. Fue un libro abierto para todos, y quien lo conoció lo respetó y admiró como un buen ser humano dedicado a hacer el bien, como un hombre cabal.
Mi abuelo falleció el 5 de diciembre del 2001. Sin embargo, ahora comprendo que a pesar de que no lo volví a ver, quedó grabado en sus hijos, nietos, bisnietos y demás familiares y amigos, el tesoro más grande del mundo: sus enseñanzas, la honradez, y un gran orgullo. Estoy seguro que cuando a mis hijos les hable de él, se sentirán orgullosos y con una gran satisfacción de que su bisabuelo Lorenzo Fontecilla Nuñez, vivió muchos años y tuvo una vida plena y realizada. En otras palabras, él tuvo una misión cumplida.
drcancela_@hotmail.com
Meditando acerca de la defunción de mi abuelo Lorenzo Fontecilla Núñez (1908-2001), recuerdo que la última vez que lo vi supe que tal vez sería la última, y solo quedó gravado en mi memoria el triste recuerdo de aquel mensaje que nos transmitiera a todos los que le rodeábamos en el comedor de su casa. Mensaje que todavía muy claro se encuentra en mi memoria y más, por la clásica expresión del noble anciano en la que se notaba la satisfacción de sus buenas obras.
Él era una persona que usted lo miraba y no perdía mucho tiempo en averiguar que fue un político dentro del gremio de los maestros que conoció la lucha por el bienestar de sus seguidores, en general, y sus hermanos del gremio, en particular.
Ese día que lo vi, a sabiendas de que tal vez sería la última entrevista, quise sellar nuestra amistad con una carta que escribí en Phoenix, Arizona, y que amablemente me publicaron en la sección Cartas a la Dirección de “Diario de Xalapa”, el 15 de mayo del 2001. En ella, pedía al ex Secretario de Educación y Cultura, Juan Maldonado Pereda y a los profesores Tomás Vázquez Vigil y Natalio Arrieta Castillo, lideres nacional y estatal de la Sección 56 del SENTE (misma que Fontecilla dirigió en el Estado en 1938), que se tomara en cuenta su nombre para el “Salón de Eventos Sociales” de esa sección magisterial, localizado en la esquina que forman las calles de Primavera y Emparan, a sabiendas de que fue él, quien donó el terreno.
De dicha carta, nunca obtuve respuesta, sin embargo, ahora comprendo que no perdí el tiempo, y que además me quedé corto en mi petición, porque Fontecilla, fue un luchador social incansable, que bien se merece un homenaje posmorten, o se le dé su nombre a una calle o una escuela.
La última vez que tuve una conversación con él, fue con todo el afán de enterarme una vez más de sus cualidades como miembro de tan importante sección gremial, y quien protegió los intereses y seguridad social de los maestros pensionados, a través del Instituto de Pensiones del Estado, que a petición suya, comenzó a funcionar siendo Gobernador del Estado, Marco Antonio Muñoz Thurbul.
Usted miraba a mi abuelo Lorenzo y observaba que a pesar de sus casi cien años de edad, narraba con brillantez los hechos ocurridos durante su lucha sindical, como si hubiera sido ayer; igualmente, cuando tomaba parte de su biografía al azar; cuando la persecución cristera y de los logros para un mejor porvenir de su gremio, que rebasó las fronteras del Estado y no le importó la persecución y amenazas de los gobernadores y altos funcionarios de esos tiempos.
Sin ninguna característica de político clásico, para poder describirlo adecuadamente, basta con mencionar que era una persona nacida en Papantla, alguien con una gran experiencia en materia de educación, de otra forma, sería imposible captar la esencia de su estilo y su particularidad.
Mil veces me pregunté. -¿Qué haces viviendo aquí, si mereces vivir con todas las comodidades? Pero debido a su sencillez, con esa marcada tendencia liberal, y su honradez de ser humano tradicional le hicieron preferir la humildad de su hogar. Él, aunque nació y creció en Papantla, debido a su lucha tuvo que radicar en diferentes partes de Veracruz, siendo Xalapa el final de su morada. Sin embargo, su postura, su mirada, su actitud, sonrisa, sangre y acento lingüístico fueron originales de Papantla, lugar donde nacieron sus padres.
Solamente los que le conocimos supimos lo que es la buena hechura de ser humano. Un grupo de amigos periodistas, cuando les hablé del líder, quedaron impactados y quisieron entrevistarlo. No hubo tiempo. No me vaya a malentender, él nunca vivió de cuentos. Siempre fue un hombre realista y con pies de plomo a pesar de su baja estatura; sin esa picardía y desconfianza tan común de un residente clásico de algún arrabal, donde existen personas que se acostumbran a sobrevivir con maniobras no permisibles en los ambientes sociopolíticos normales.
Mi abuelo, desde muy joven se aseguró de obtener una buena preparación académica, convirtiéndose en profesional por medio de estudios en escuelas públicas. Hablar con él era una delicia. Su profundo acento gutural y su extenso vocabulario, eran una combinación estupenda de su personalidad que impresionaba al más crítico y conocedor.
Una jalapeña tradicional y excepcional, Lilia Aguilar, mi extinta abuela, le obsequio cuatro hijos brillantes: Lorenzo, Lilia, Olga y René. Los tres primeros siguieron el camino de mi abuelo en el magisterio. El menor, se graduó en una de las bellas artes, la arquitectura. Todos ellos, como su padre, fueron estudiantes del sistema escolar público de Xalapa.
Fontecilla Núñez, no fue un accidente en la política magisterial, todo se lo ganó a pulso, de ahí que haya sido invitado a formar parte de la estructura nacional del SENTE como Secretario de Conflictos y Trabajo, amén de que recibió diferentes ofertas a puestos de elección popular que con su don y carisma pudo haber obtenido. Sin embargo, él dedicó su vida al magisterio.
El maestro, no fue un ángel del cielo para socorrer a los demás, pero desde muy joven tuvo el sentido de compasión envidiable que nunca escondió, y siempre estuvo dispuesto a ayudar a su prójimo. Fue un libro abierto para todos, y quien lo conoció lo respetó y admiró como un buen ser humano dedicado a hacer el bien, como un hombre cabal.
Mi abuelo falleció el 5 de diciembre del 2001. Sin embargo, ahora comprendo que a pesar de que no lo volví a ver, quedó grabado en sus hijos, nietos, bisnietos y demás familiares y amigos, el tesoro más grande del mundo: sus enseñanzas, la honradez, y un gran orgullo. Estoy seguro que cuando a mis hijos les hable de él, se sentirán orgullosos y con una gran satisfacción de que su bisabuelo Lorenzo Fontecilla Nuñez, vivió muchos años y tuvo una vida plena y realizada. En otras palabras, él tuvo una misión cumplida.
drcancela_@hotmail.com
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